Parte 2 – La voluntad
“La Iglesia no es religión, es El Cuerpo de Cristo llamado para manifestar El Reino de Dios en la tierra”
Comenzaremos por analizar la función del alma, llamada la Voluntad, porque esta es la parte más importante que tenemos que rendir al Señor, le pedimos hágase Tu voluntad, pero cuando llega la hora de decidir, hacemos lo que nosotros queremos.
La Voluntad decide lo que vamos a hacer en la vida, aquí está nuestro verdadero yo, yo decido, yo quiero, yo hago.
Nuestra emoción expresa lo que sentimos, nuestra mente lo que pensamos, pero la voluntad dice lo que en realidad queremos. Y aquí está la pregunta del siglo, ¿Queremos en realidad hacer la voluntad de Dios, aunque esto signifique dificultades con el mundo y con nuestra carne? ó ¿queremos hacer que Dios esté de acuerdo con nosotros y con nuestra voluntad? Jesús tenía su propia voluntad pero dijo: “Yo no hago mi voluntad sino la de mi Padre”.
Muchos quieren manejarse por las emociones y otro grupo quiere no ser lo suficiente emotivos, para no perder “la compostura” y hacer algo aceptable a nuestra sociedad, pero Dios quiere que nos sometamos a Su Voluntad, si esto no sucede, lo único que tenemos es una “experiencia religiosa”.
El hombre tiene una voluntad libre, no es gobernada por ninguna fuerza exterior, aunque esta si pudiera influenciar, pero el gobierno de la voluntad está en nuestro interior.
Génesis 2:16,17 “De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás” Dios se lo prohibió a el hombre, pero no lo obligó, le dejó a su voluntad el escoger, y por supuesto escogió hacer su propia voluntad. Dios no lo impidió.
Dios no hace máquinas, el hace seres humanos que busquen de manera voluntaria obedecerlo. Y aquí tenemos un principio a considerar, si nosotros no damos nuestro consentimiento, Dios no obra. En cambio el diablo opera con nuestro consentimiento o sin el.
Entonces cuando le decimos SI, a la influencia de Satanás en nuestro carácter y nuestras emociones y sometemos nuestra voluntad a su influencia, nos ponemos a merced de el y por supuesto no podemos agradar a Dios.
Y escuche esta verdad ineludible y preocupante en cuanto a la condición de la iglesia actual.
Juan 1: 12 y 13 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” En pocas palabras, tú puedes desear ser salvo y esto no es aceptable para Dios, tu y yo no somos regenerados porque deseamos serlo sino por conocer la voluntad de Dios y obedecerlo.
El asunto entones es: ¿Cuál es la actitud que tomamos respecto a la voluntad de Dios? Hemos hecho un evangelio muy ligero, y no basta entonces hacer una oración, sumergirse en agua y asistir a una iglesia, sino que hay que someter nuestra voluntad a la voluntad de Dios.
Entonces veamos, todo lo que surge de nuestra propia carne es inaceptable para Dios, así sea algo tan grande como que busquemos la salvación, Dios no mira las apariencias sino de donde vienen, ¿vienen de El o no?
Entonces: ¿De qué nos salva Dios?, de nosotros mismos, es separarnos de nosotros y unirnos a El.
Nuestro crecimiento espiritual quedará detenido si no queremos perdernos a nosotros mismos. “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” dijo el apóstol Pablo, cuando hubo alcanzado la madurez.
Que Dios nos ayude a morir al yo, cada día. “No se haga mi voluntad sino la tuya”
Bendiciones
Hugo Oberti



